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Desde hace más de 150 años, cuando comenzaron a excavarse los primeros pozos petroleros empezaron las las fugas de metano, ese poderoso gas de efecto invernadero que destruye al medio ambiente.

Sin embargo, a pesar de que es un fenómeno que ocurre desde hace tanto tiempo, a los operadores siempre les ha costado medir con exactitud estas emisiones, lo que se sumaba a la poca motivación para hacerlo.

Pero eso podría cambiar y es gracias a la tecnología, pues la alarma creciente sobre el papel del metano en el calentamiento global hizo que una empresa canadiense utilizara sus satélite para detectar una fuga de metano como la más pequeña vista desde el espacio. Desde entonces comenzó a vender sus datos a los interesados.

Para medir el metano anteriormente se utilizaban sensores terrestres, que eran buenos para determinar concentraciones de gas en un determinado lugar, pero solo era posible a pequeña escala considerando los millones de instalaciones de petróleo y gas en el mundo, además del alto costo de revisar y confirmar las revisiones, encontrar fugas podía ser tardado y complicado.

Ahora con los satélites, todo esto podría cambiar. Incluso hasta se podría crear competencia, pues la empresa Bluefield Technologies, con sede en la ciudad de Nueva York, planea lanzar un grupo de satélites en 2023 que prometen producir una resolución aún más nítida. Y el Fondo para la Defensa Ambiental espera lanzar el MethaneSAT en los próximos dos años, una misión diseñada para recolectar pequeñas perturbaciones de metano en áreas grandes.

Buzón de Noticias